No dejes para después lo que más importa

Hay una persona en tu mente ahora mismo. Hace días quieres escribirle, invitarla a un café o decirle algo que le haría bien oír. Lo tienes redactado a medias en la cabeza. Lo dejas para el fin de semana, para cuando salgas de esa reunión, para cuando bajen las cosas.

Parece un plan inocente. Y ahí se quedan las cosas que más importan.

«No te jactes del día de mañana; porque no sabes qué dará de sí el día.»

Proverbios 27:1 (RVR1960)

Santiago lo dice con otra imagen: nuestra vida es como la niebla, que aparece un momento y luego se desvanece (Santiago 4:14). Nadie nos pide vivir con miedo. Nos recuerdan que hoy es lo único que realmente tenemos en la mano. Ya hablamos de lo irrepetible de cada día en «Hoy no se repite»; hoy vamos a lo concreto.

Lo que no deberías dejar para después

  • Ese café con la persona que aprecias. No necesita un plan perfecto: veinte minutos y una mesa bastan.
  • Ese mensaje de gratitud o de cariño que llevas días repitiendo en la cabeza.
  • Esa palabra de ánimo para alguien que hoy la necesita, aunque no te la haya pedido.
  • Esa palabra de Dios para la persona que viene a tu corazón y sabes que la necesita.

Piensa en los momentos más bellos de tu vida, esos que todavía recuerdas. Casi siempre fueron sencillos: una mesa, una llamada, una conversación sin prisa.

El después no tiene fecha. El hoy sí.

Tarjeta con el versículo de Proverbios 27:1 sobre no dejar todo para después

Si te cuesta empezar, hazlo solo por cinco minutos. Y pregúntate: ¿qué pasaría si no tuviera esta oportunidad?

En la próxima entrega seguimos con lo otro que dejamos para después: aprender, servir y dar la milla extra.

¿A quién le vas a escribir hoy, antes de que termine el día? Hazlo y cuéntanos en los comentarios cómo te fue. Y si conoces a alguien que tiene a esa persona pendiente, reenvíale este post.

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