Hay una espera silenciosa que casi no notamos: la del mensaje que no llega, la llamada que no suena, el momento “perfecto” que seguimos posponiendo para empezar a vivir de verdad. Mientras tanto, el reloj no se detiene a esperar con nosotros. Un día miramos atrás y descubrimos que no fue el destino el que se demoró — fuimos nosotros, con la mirada puesta en lo que aún no llega, dejando pasar lo que ya estaba frente a nosotros.
“Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría.” — Salmo 90:12 (NVI)
Contar bien los días no es llevar una agenda perfecta. Es más simple, y más difícil a la vez:
- Es escuchar de verdad cuando alguien te habla, sin estar pensando en lo siguiente que vas a decir.
- Es agradecer el café caliente antes de que se enfríe, en lugar de tomarlo por costumbre.
- Es orar hoy por lo que te preocupa, en vez de posponerlo “para cuando tenga más tiempo”.
- Es mirar a los ojos a quien amas, aunque sea cinco segundos, en medio del afán.
Dios no te promete el mañana — te regala el hoy, completo, para que lo vivas con Él y no simplemente lo dejes pasar esperando algo que aún no llega.
¿Qué es lo primero que harías distinto hoy si supieras que este es, de verdad, un regalo que no se repite?

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