Siete días sentado en el suelo, entre cenizas, y nadie decía una palabra. Job lo había perdido casi todo: sus hijos, sus bienes, su salud. Sus tres amigos, al verlo así, no supieron qué decir y se sentaron a su lado (Job 1–2).
El lunes hablábamos de no soltar la oración cuando el día pesa. Job es lo que pasa cuando no pesa el día sino la vida entera. Y aun en ese hoyo siguió hablándole a Dios.
«Si ellos le obedecen y le sirven, pasan el resto de su vida en prosperidad, pasan felices los años que les quedan.»
Job 36:11 (NVI)
«Si oyeren, y le sirvieren, acabarán sus días en bien, y sus años en deleites.»
Job 36:11 (RVR1960)
«Si tú dispusieres tu corazón, y extendieres a él tus manos…»
Job 11:13 (RVR1960)
Lo que Job nos enseña
- Habló con Dios sin entender nada. Sus oraciones no siempre sonaban bonitas: había quejas, preguntas, cansancio (Job 7 y 10). Dios no lo rechazó por eso.
- No se dejó convencer por explicaciones fáciles. Sus amigos creyeron saber por qué sufría. Se equivocaron, y Dios mismo lo dijo al final (Job 42:7). Aun así, la invitación de Zofar en 11:13, disponer el corazón y extender las manos, describe justo lo que Job ya hacía.
- Dios respondió, pero no con explicaciones. Le mostró quién es (Job 38–41). Job reconoció que había hablado de cosas que no alcanzaba a entender (42:3).
- Al final, Dios lo restauró (Job 42:10-17). Y Job había hablado con Él sin saber que la historia terminaría así.
Tú tampoco sabes cómo sigue esto. Sabes a quién se lo estás contando.
No entender a Dios no es razón para soltarlo.

Segundo día del reto «5 minutos con Dios». Hoy, en tu momento de oración, ponle nombre a esa situación que no entiendes y entrégasela. No hace falta que suene perfecto. En la próxima entrega hablamos de lo que sostiene todo esto: la constancia.
¿Cuál es la situación que vas a poner hoy, con nombre propio, en manos de Dios? Si quieres, escríbela en los comentarios y oramos juntos por ella.

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