Lo que la motivación no puede, la disciplina sí

Van a llegar momentos en la vida en los que simplemente no quieras hacer ciertas cosas. Y la motivación, esa que a veces te impulsa con fuerza, puede estar baja o incluso desaparecer por completo. Si dejas que esos momentos te detengan, te van a alejar de tu crecimiento, de tu meta, de ese propósito que Dios puso en ti. Por eso necesitas algo más fuerte y más tenaz que la motivación: la disciplina.

«¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero solo uno obtiene el premio? Corran, pues, de tal modo que lo obtengan. Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina.»

1 Corintios 9:24-25 (NVI)

Ningún atleta entrena solo los días que tiene ganas. Se entrena con disciplina — todos los días, sienta lo que sienta — porque sabe que el premio no lo gana quien más motivado estuvo un día, sino quien más constante fue en todos.

La disciplina te lleva más lejos de lo que la motivación jamás podrá. La motivación te puede dejar varado en cualquier momento; la disciplina es ese combustible que no se agota.

Para sostenerla día a día

  1. Planea con antelación tu agenda y tu día.
  2. Guarda tu energía para las decisiones importantes.
  3. Recuerda por qué estás haciendo las cosas.
  4. Pregúntate: si hoy no hago nada, ¿a dónde llego, o dónde me quedo?
  5. ¿El estar quieto sin hacer nada realmente me ayuda?
  6. Toma ese primer impulso para que tu cuerpo actúe — la mente sigue después.
  7. Aunque la cama esté cómoda: levántate, y vence esa pereza o esa tristeza.

La motivación te puede dejar varado en cualquier momento. La disciplina es ese combustible que nunca se agota.

Hoy, antes de que la pereza hable primero, ¿vas a dejar que el ánimo decida tu día, o vas a tomar tú el control?

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