Ayer sacaste tiempo para muchas cosas sin pensarlo. Te tomaste un café. Esperaste en un trancón. Cabeceaste en el bus. Preparaste algo de comer y pasaste por el cajero a retirar plata. Nadie te obligó, y nadie te preguntó si tenías tiempo.
Entonces, una pregunta suave: ¿y cinco minutos para Dios?
No necesitas una oración larga ni palabras rebuscadas. Solo que sea real, que salga del corazón. Él es tu Padre y tu Creador; te dio el privilegio de la vida y te escucha, te acompaña y te cuida todos los días. Hablar con Él no es un deber que cumplir: es una puerta que siempre está abierta.
«Mañana, tarde y noche clamo angustiado, y él me escucha.»
Salmo 55:17 (NVI)
David escribió esto en medio de una angustia grande, y aun así tenía tres citas diarias con Dios. En cada una lo escuchaba. También te escucha a ti.
Tres momentos, tres oraciones sencillas
- Por la mañana: encomiéndale tu día. Pídele cuidado y compañía en el camino, y guía para tomar la mejor decisión en lo que hoy te espera.
- Por la tarde: haz una pausa en medio del ajetreo. Cuéntale cómo te sientes y qué piensas, como se lo contarías a alguien que te quiere de verdad.
- Por la noche: dale gracias por tus bendiciones del día, hasta por las más pequeñas. Y pídele que abra tu mente y tu corazón para escucharlo.
Si un día solo te salen dos frases, está bien. Dichas de corazón, le llegan igual.
Si tienes tiempo para el café y para el trancón, también tienes cinco minutos para Dios.
¿En cuál de esos tres momentos vas a empezar hoy: mañana, tarde o noche? Elígelo ahora, ponle una alarma si te ayuda, y cuéntame en los comentarios cuál escogiste. Él ya está atento a tu voz.

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