Dios te puede sorprender en cualquier momento

¿Alguna vez has sentido que un día cualquiera, sin ninguna señal previa, todo cambió? Así trabaja Dios muchas veces: no avisa, no programa una cita en tu calendario. Simplemente llega. En cuestión de segundos, lo que parecía imposible se transforma, lo que dolía encuentra consuelo, y lo que estaba cerrado se abre. Dios tiene la costumbre hermosa de sorprendernos justo cuando menos lo esperamos.

«Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán» — y nos recuerda que, así como cuida de las aves del cielo que ni siembran ni cosechan, mucho más cuidará de nosotros (Mateo 6:25-26, NVI).

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Dios puede sorprenderte a través de:

  • Una llamada que no esperabas, en el momento exacto en que más la necesitabas.
  • Un mensaje de texto que llega justo cuando estabas a punto de rendirte.
  • Un encuentro casual con alguien que termina cambiando tu perspectiva.
  • Una frase escuchada al pasar, que responde exactamente la pregunta que tenías en el corazón.
  • Una oración — ya sea la que tú elevas en silencio, o la que alguien más hace por ti sin que lo sepas — y que Dios responde de una forma que no imaginabas.
  • Algo físico o material que encuentras en tu camino y que te trae recuerdos hermosos, o simplemente un descanso puro y libre en la presencia de Dios.

«Dios no necesita avisarte para sorprenderte: solo necesita un segundo para cambiarlo todo.»

¿Recuerdas algún momento en el que Dios te sorprendió cuando menos lo esperabas? Cuéntanos en los comentarios — tu historia puede ser justo la sorpresa que otra persona necesita leer hoy.

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